sicología

La miseria de la sicología de la percepción

A autores como Playfair (tartas), Tukey (diagramas de cajas) o Tufte (pequeños múltiplos) debemos algunas de las técnicas de representación gráfica de datos que usamos habitualmente y a las que el público, mal que bien, está acostumbrado. Otros autores han tratado de tecnologizar dichas técnicas. Es decir, entender por qué funcionan o cómo hacerlas más efectivas. Para ello se han apoyado en el trabajo de los sicólogos de la percepción. El trabajo pionero al respecto, al menos en el ámbito de la estadística, es de Cleveland y McGill (véase esto y, si procede, sus referencias) y ha sido continuado por otros.

La falacia de la conjunción desaforada

La falacia, para aquellos que no la conozcan, está descrita aquí. El ejemplo más citado al respecto es el de Linda: Linda tiene 31 años de edad, soltera, inteligente y muy brillante. Se especializó en filosofía. Como estudiante, estaba profundamente preocupada por los problemas de discriminación y justicia social, participando también en manifestaciones anti-nucleares. ¿Que es más probable? Linda es una cajera de banco. Linda es una cajera de banco y es activista de movimientos feministas.

Los orígenes de la sicología WEIRD

Es oportuno en estos tiempos que corren aprender los unos y recordar los otros por qué los WEIRD (occidentales, educados, industrializados, ricos y democráticos, recuerdo) somos excepcionales (en las acepciones del término que a cada cual le plazcan más). De eso trata The Origins of WEIRD Psychology, que se resume en tres puntos: Los WEIRD somos realmente weird (o comparativamente anómalos con respecto a con quienes compartimos mundo). El motivo es la distinta concepción de las relaciones familiares.

Más sobre el artículo raro, raro, raro

No he podido evitar darle vueltas al artículo que comenté el otro día aquí, Bayesian Estimation with Informative Priors is Indistinguishable from Data Falsification, de la manera más caritativa posible. En particular, me he preguntado: ¿Por qué se escribió (en lugar de no haberse escrito)? ¿Por qué se escribió en esos términos (en lugar de en otros)? Obviamente, el artículo no enseña nada desde el punto de vista técnico. Desde el metodológico, tampoco: recuerda más que a otra cosa, a esos físicos que muchos años después aún despotricaban contra la teoría de la relatividad.

¿Una versión intuitiva del problema de Monty Hall?

Creo que es innecesario hacer las presentaciones con el problema de Monty Hall. Me limitaré a decir que es tremendamente antiintuitivo y que, de hecho, siguen publicándose artículos sobre trucos mentales para evitar que la gente caiga, como, p.e., The Psychology of the Monty Hall Problem: Discovering Psychological Mechanisms for Solving a Tenacious Brain Teaser. Discuten, claro está, todo lo que tiene que ver con las frecuencias naturales, etc. Alternativamente, uno puede pensar en un problema perfectamente equivalente en el que la intuición no nos engañe.

Aprender deprisa, aprender despacio

Aviso: hoy incursiono en el minado campo de la sicología pop. Seguramente todo lo que escriba sea mentira, esté superadísimo o las dos cosas a la vez. La entrada debe y bebe de un libro archiconocido. Si no lo has leído, no sé a qué esperas. La entrada está motivada por otro libro que estoy leyendo, The Case Against Education, del que sospecho: que dice la verdad en cada párrafo para armar un argumento global falso.

¿Existiría (la cosa de la que voy a hablar)? Lo veo muy poco probable

, extraído de Verbal probabilities: Very likely to be somewhat more confusing than numbers, creo que es ya cultura general. Pero me pregunto (y pregunto a mis lectores) si existirá algo parecido para el español. Que incluya, claro, expresiones del tipo “muy improbable”, etc. pero que se extienda también a otros métodos (que es la parte más interesante) de manifestar incertidumbre, como el uso del condicional (el PP recuperaría la alcaldía…) y otros que pueda haber.

¿El pionero de la matematización de la sicología?

A De Morgan, en su rol de pensadores heterodoxos, a mediados del XIX, comentando el De Attentionis mensura causisque primariis de Herbart, publicado en 1822, le parece extravagante que el afamado filósofo tuviese a bien que las matemáticas debiesen aplicarse a la sicología. En particular, que usase fórmulas tales como $$ z = \phi ( 1 - \epsilon^{-\beta t}),$$ donde $latex t$ es el tiempo, $latex z$ la fuerza que se da a una noción a la que se presta atención durante un periodo de duración $latex t$ y el resto de los símbolos son otros parámetros que afectan al modelo.

Las cosas son azules, las personas son rosas (dicen algunos sicólogos)

El otro día hablé con un amigo. Estaba un tanto preocupado por lo que cuento a continuación. Trabaja en un lugar que organiza conferencias, seminarios, etc. y frecuentemente suben los vídeos a Youtube. Al examinar el perfil demográfico de los _yutuvidentes _advertía con desazón que entre los de los vídeos de unas charlas de tecnología muy friquis apenas había un 10% de mujeres. El autor de un blog que sigo también está preocupado.

Los efectos de la transparencia

Hace unos días se aprobó la Ley de Transparencia. Si en esta entrada me limitase a aplaudir este hecho, pensarían con razón mis lectores que durante estos días de silencio he sido abducido por alguna criatura extraterrestre y sometido a un lavado de cerebro que borrase de él todo atisbo de subordinación adversativa. Pues he aquí que acabo de terminar de leer un artículo muy oportuno, Accounting for the Effects of Accountability de J.

Si lees "Nudge" verás las cosas de otra manera

Si acabas, como yo, de leer Nudge, es probable que comiences a ver las cosas de otra manera. Lo malo del libro es que está escrito por estadounidenses y para estadounidenses. Y allá ellos con sus problemas. Pero, mutatis mutandis, a uno se le comienzan a ocurrir traslaciones tal vez oportunas. Por ejemplo, piénsese en esas hipotecas de las que tan de moda está hablar estos días. Inducido por el contenido del libro a uno se le ocurriría pensar que los problemas que ahora atraviesan determinados individuos por su culpa se debe a la asimetría de la información: los bancos, que venden muchas, lo saben todo al respecto; la gente, que a lo sumo se hipoteca una o dos veces en su vida, está a dos velas.