Sobre la «Carta de Derechos Digitales»

No cualquier ministerio sino precisamente el de economía (lo subrayo: es muy relevante para lo que sigue) ha colgado de su portal una (propuesta de) Carta de Derechos Digitales para su pública consulta.

Se trata de un documento confuso, en el que se mezclan propuestas que afectan a ámbitos muy heterogéneos, desde le transhumanismo,

[L]a ley regulará aquellos supuestos y condiciones de empleo de las neurotecnologías que, más allá de su aplicación terapéutica, pretendan el aumento cognitivo o la estimulación o potenciación de las capacidades de las personas.

a los servicios de acceso a internet,

[L]os proveedores de servicios de Internet proporcionarán una oferta
transparente de servicios sin discriminación por motivos técnicos o económicos, […]

o a la misma gestión de los entornos de desarrollo y producción (¡o algo así!):

Se desarrollarán las condiciones que permitan la creación de espacios de pruebas controladas para desarrollar nuevos modelos de negocio, aplicaciones, procesos o productos basados en la tecnología (sandbox).

Es decir, se extiende prácticamente a cualquier actividad que conozcamos por un nombre al que alguna vez se le haya podido adlaterizar el adjetivo digital.

Es un documento, no obstante, muy impotante. Merece la pena guardarlo. Yo he programado un correo para que GMail me lo envíe el día 3 de diciembre de 2030. Si ese día aún estoy sobre la faz de la tierra, si ese día aún estoy en España, es fácil que me esté preguntando por qué somos tan cutres, por qué nos cuesta tanto llegar a fin de mes y por qué solo se hacen cosas interesantes fuera. Y ese correo que me estoy enviando me recordará cómo era el weltgeist imperante en la España de 2020, cuál era entonces nuestra visión del mundo y cuáles nuestras prioridades.

Este y otros documentos similares redactados por autoridades nacionales y también europeas, parten de, dan por hecha, la inevitabilidad de una potente industria digital española (o europea, según la fuente). Solo circunstancialmente abren sus redactores los ojos, miran por la ventana y se les ocurre incluir en sus textos párrafos (los colecciono: son muy divertidos) en los que se sorprenden de cómo la industria digital local no está a la altura de la importancia económica, científica y cultural del lugar desde el que escriben; potencial, lo llaman.

Como inevitable, ya que tiene que ocurrir necesariamente, es obligado marcar unos cauces muy concretos, muy estrechos por los que haya de discurrir cuando llegue. Faltaría más. No se les ocurre jamás que la existencia de esa nueva industria pueda ser contingente y condicionada, precisamente, por ese marco en el que pretenden insertarla.

Ese es el principal vicio del documento en cuestión. Propone cosas tan descabelladas como, de interpretarse en cierto sentido estricto párrafos como

El derecho a la libre autodeterminación individual y la garantía de las libertades comporta el derecho a no ser objeto de localización, ni a ser sometido a análisis de la personalidad o conducta que impliquen el perfilado de la persona.

prohibir la actividad laboral central de más del 90% de los científicos de datos no académicos que conozco. La mitad del márketing digital que conozco está precisamente basado en eso: el perfilado de gente en función de su conducta. Tenía la ocasión de elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal pero le complace más prohibirlo.

El ministerio de economía debería saber que seguiremos perfilando personas en función de su conducta (por centrar ideas: el mero escribir un

if(compra contains "cocacola") 
then print "Cupón pepsicola" 

es perfilar). Solo que, tal vez, si se prohíbe en España, lo hagamos en aquel sitio al que acudían las adolescentes a abortar en los ochenta.

En definitiva, es un documento fundamental no tanto por el impacto que pueda tener en sí mismo —no tiene valor normativo, es solamente una carta— sino por cómo refleja y resume en apenas doce páginas la actitud de una generación, la nuestra, neurotizada por la basura neoñoña de Black Mirror, Years and Years y demás.

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