Recordatorio: no olvidéis restar los fallecimientos atribuibles al calor en la estimación del efecto de la «segunda ola»

La estimación de la mortalidad atribuible a la gripe estacional (que no, que no se hace consultando la causa de muerte que consignan los médicos medio al buen tuntún por motivos administrativos y que luego recoge el INE, como parece que dan a entender estos beneméritos verificadores para la confusión de quienes den su palabra por buena) tiene una complicación sustancial: ocurre simultánea y co-casualmente con el frío, que incrementa las defunciones por motivos otros. En términos estadísticos, es un problema de práctica colinealidad entre dos regresores cuyos coeficientes miden el impacto de la gripe y el frío respectivamente.

La primera ola del coronavirus ocurrió en un periodo limpio de otras grandes causas de muerte de corte estacional. Además, tuvo un tamaño… digamos que apreciable.

La segunda ola, en términos de mortalidad, adolece de los mismos problemas que la gripe: ha ocurrido a la vez que la otra gran causa de muerte estacional, el calor. Cualquier estimación del incremento de la mortalidad atribuible al coronavirus tiene que al menos, intentar tener en cuenta el efecto sobre la mortalidad del calor. Que es lo que hace MOMOCalor (pero ni MOMO ni el INE).

De acuerdo con él y muy grosso modo, la tercera parte del exceso de mortalidad en España ocurrido durante el verano podría atribuirse a las temperaturas extremas ocurridas en diversas regiones.

[Y recuerdo: este viernes hablaré de esas cosas en un evento en remoto abierto a quien tenga a bien anotarse.]

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