Micromuertes y coronavirus

[Esta entrada abunda en la que escribí hace nueve años sobre las micromuertes y sin la cual no se entiende.]

El concepto de micromuerte sirve para anclar y comparar adecuadamente riesgos diminutos. De acuerdo con la entrada que referencio arriba, una micromuerte equivale al riesgo (recuérdese: ¡promedio!) de caminar 15 km o conducir 250. Pasar una noche en el hospital consume 75 de ellos (por riesgo de contagios que no tengan que ver con el motivo de ingreso) y dar a luz, alrededor de 100.

Lo del coronavirus podría, debería, haber vuelto a poner en valor el concepto de micromuerte. El riesgo (en términos de micromuertes por coronavirus) de cualquier actividad se calcularía utilizando una fórmula en que se multiplicase

  • la probabilidad de contagio y
  • la probabilidad de muerte según las características personales del sujeto.

Todos estamos ahítos de infográficos tales como

que, por falta de referencia, nos dicen más bien poco sobre qué actividades podríamos permitirnos. Porque todos, en nuestro día a día, intercambiamos micromuertes por ocio o negocio: asumíamos de manera muy natural el riesgo de trasladarnos a nuestros centros de trabajo, a restaurantes, a festivales de música, etc. porque el beneficio compensaba con creces el riesgo incurrido.

Uno podría plantearse, por ejemplo, lo siguiente: quiero, durante este periodo de la pandemia, asumir un nivel de riesgo, en términos de micromuertes de, digamos, dos veces el nivel de la antigua normalidad. Dado ese crédito de micromuertes uno podría ir consumiéndolas en unas u otras actividades hasta dejar la cuenta en cero.

[Y una cuenta rápida mostraría que duplicar el nivel de riesgo por persona de la manera antes indicada redundaría en unas 50 muertes adicionales al día, que no sé si se considerará mucho o poco.]

Además, actividades que yo pudiera asumir (por mi estado de salud, por el beneficio que pudieran aportarme), podrían estar desaconsejadas para otro (con un estado de salud distinto, a quien no le aprovechasen de la misma manera que a mí) o a la inversa.

Pero ahora no sabemos (ni nos lo han dicho ni nos han contado si alguien lo sabe) cuál es el nivel de riesgo que se asumiría al realizar determinadas actividades, tanto las que nos permiten como las que nos prohíben durante esta suerte de arresto domiciliario. De alguna manera, alguien está haciendo la cuenta por nosotros y nos va a ir permitiendo retomar actividades progresivamente. Pero son medidas urbi et orbi, que omiten el factor de las características personales que opera en el cálculo de las micromuertes y que son elemento de juicio fundamental en el proceso de sopesar pros y contras que cada uno, responsable último de su salud, debería realizar antes de, p.e., subir al metro.

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