¿CDO de, p.e., España? Nah…

Dizque hace falta un CDO (chief data officer) de esa parte de España que es el estado español (aunque no sabemos si con autoridad solo dentro de la administración central o también en sus tentáculos semiautónomos) porque es una figura con creciente importancia en las empresas y con un rol muy definido en ellas.

Aquí voy a argumentar a la contra introduciendo un elemento de sospecha en esa aparentemente sencilla y automática traslación de roles entre la empresa privada y una cosa tan pantagruélica y aparatosa como la administración de un estado. Al menos, en lo que concierne a un CDO con poderes ejecutivos, es decir, con potestad para pedir que algo sea hecho y que, efectivamente, se haga.

No es solo que las empresas, por grandes que parezcan, son minúsculas si se comparan con la administración del estado; es, sobre todo, que tratan datos tremendamente homogéneos. En BBVA, en eBay, en otros sitios donde he trabajado, podrá haber tablas enormes, bases de datos con centenares o unos pocos miles de tablas, pero el tipo de datos que contienen son siempre del mismo tipo, pertenecen a tres o cuatro ámbitos muy concretos y en unos meses dentro, dominas las BBDD y sus tablas más relevantes.

Son, como consecuencia, marcos institucionales donde el dato puede estar fácilmente gobernado por una estructura ejecutiva que indique lo que se puede y no se puede hacer. Admiten, si se quiere, una gobernanza ejecutiva.

En el estado te encuentras con el INE, el IGN, el ISCIII, el BdE y el ministerio de consumo, por citar solo organismos generadores de datos con los que yo he trabajado directamente y omitiendo muchos otros que conoceréis mejor que yo, que tienen orígenes, usos, características, problemas y fines absolutamente dispares.

Mi argumento, pues, es que esa heterogeneidad de datos no admite el tipo de gobernanza ejecutiva que se espera de la figura de un CDO sino, a lo sumo, a través de una gobernanza cultural. De hecho, actualmente, se gestionan mediante un tipo de gobernanza cultural que corresponde a una cultura… carpetovetónica. La cuestión, obviamente, es reencauzarla.

En ese sentido, el ejemplo Tezanos es esperanzador. Frente a quienes piensan, yo mismo frecuentemente, que los organismos públicos están anquilosados más allá de punto en que pueden ser recuperados para servir a una sociedad moderna, lo de Tezanos en el CIS es un ejemplo sin par de lo maleables que pueden ser las instituciones. Si con su mero nombramiento se consiguió poner el CIS patasarriba y darle un golpe de timón efectivo (aunque lo haya sido para convertirlo en un hazmerreír), cabe la esperanza de que situando en los puestos ejecutivos de los distintas instituciones a responsables con inquebrantable adhesión a una cultura postdecimonónica del dato, esta permee y, sin necesidad de un CDO, todo vaya mejorando.

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