Feria del libro, 2019

Fui a la Feria del Libro. El calor era el de L’Étranger. Comencé por la caseta uno. TOC. Riguroso orden hasta la cienpiypico.

Libros, libros por todas partes…

Autoayuda. Autoayuda. Reverté (¿recopilatorio de artículos?). Libros rosas, libros con nombres y fotos de mujeres en la portada. Autoayuda. Infantil. Losantos y su Barcelona. Autoayuda. Dos pornógrafas. Los gatitos (y la filosofía) de Stoya. Autoayuda. DIY. Facsílmil de Voynich. Los mismos libros una y otra vez. Más autoayuda y libros facilongos. Marx y esas cosas.

Una copia de Taxi. Pilladlo si lo véis. El de Taleb que acababa de terminar pirata. Lo bueno, leído. El resto, psé. Lindy dirá.

Pero ni una sola ecuación…

Cero. Zilch. Niente. Una editorial rara, una serie de libros de informática. Incluso IA. La mitad escritos por la misma tía. Capturas de SAS y SPSS. Más bonitos cuando árboles. Y útiles.

Pequeñas alegrías

Toda la feria del libro me cabía en EPUB en el portátil que cargaba. Pero, ¿para qué?

Ya sé por qué fue a la cárcel un editor que conocí recientemente. Dijo: es una historia bonita. Doy fe: es una historia bonita.

No sé si ir a la feria del libro y no departir con la tía de la Ed. Bercimuel puede llamarse ir a la feria de libro. Este año, tal vez, no estuve.

Consejo final: editoriales pequeñas.