Por qué soy escéptico con respecto al periodismo de datos

Lo dejé dicho hace un tiempo: en algún momento de esta charla expresé mis motivos.

Hay iniciativas muy encomiables que abogan por la apertura de datos. Convengo que la disponibilidad de datos de organizaciones púbicas y privadas facilitaría su fiscalización. En particular, la fiscalización que realiza la prensa: su acción sería más eficaz de no tener que jugar al gato y al ratón.

Pero hay motivos para el escepticismo. Hay motivos para pensar que la liberación de datos es condición hasta cierto punto necesaria pero en modo alguno suficiente para alcanzar esos loables objetivos. Existen dos contraejemplos rotundos. Se refieren a ámbitos en los que la información es pública, abundante e inmediata y que, además, tienen suma importancia periodística: economía y deportes.

Con o sin datos abundantes, públicos e inmediatos, el periodismo deportivo es una birria (me cuentan, porque no lo sigo).

Con o son datos abundantes, públicos e inmediatos, el periodismo económico (en España) es otra birria. (Aunque en lugar de birria pudiera haber escrito «contubernio de opacos aunque adivinables intereses»).

Lo dije en su día, pero hoy, en plena resaca del affaire Gowex, no está mal recordarlo.