¿Cómo vota la gente?

La gente vota de muchas maneras. A bote pronto, uno diría que lo hace cada cuatro años con papeletas y en medio de parafernalia de listas cerradas, mítines y similares aditamentos.

Pero hay otros que opinan que hay mecanismos alternativos de voto. La gente puede votar en Twitter, por ejemplo. Y algunos conceden a esos votos una relativa potestad para adivinar o, incluso, influenciar fenómenos de importancia económica, política o social.

Quienes entablan batallas numéricas después de las manifestaciones, qué duda cabe que atribuyen efectos plebiscitarios a que la cola de la marcha llegase o no a Atocha cuando la cabecera entraba a Colón.

Incluso una vez leí de alguien que las guerras civiles son circunstancias igualmente plebiscitarias y quien las gana puede asumir estar en posesión de un mandato popular. (No os voy a decir a cuenta de qué guerra civil en particular opinaba eso para que no tengáis fácil eso de pensar si andaba o no desatinado; solo os daré una pista: se refería a una en la que se consideraba afín al bando vencedor, algo en lo que podría o no podría coincidir con vuestro parecer).

Pero desde hace años vengo pensando que, en realidad, la gente vota con la tarjeta de crédito. Al mundo le damos forma eligiendo productos y servicios diariamente —¡las palabras en Twitter son demasiado baratas!— y que quienes se pelan el culo haciendo exégesis de tuits y encuestas envidiarán a muerte a quienes dispongan la contraseña de la base de datos sobre la que consultar

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