Estrenos con ecos estadísticos (I): Moneyball

Mi extemporáneo periodo vacacional me ha dado, entre otras cosas, para ver dos películas en las que resuenan claros ecos relacionados con la estadística.

La primera de ellas es Moneyball, basada en el libro homónimo. Cuenta la historia de un equipo de béisbol con escasos recursos que utiliza técnicas estadísticas —desafiando así los inveterados procedimientos subjetivos de los ojeadores— para identificar y fichar a los jugadores adecuados para alcanzar el objetivo último del deporte: ganar.

Tras el impacto que tanto el libro como la película han tenido en los medios relacionados con la estadística y la minería de datos, esperaba que esta hiciese más hincapié en la labor y los métodos de Peter Brand, el economista numerólogo, el data scientist (y que es el trasunto del personaje real Paul DePodesta). Pero que nadie espere encontrar en la cinta una consola de Linux corriendo R. Ni otras fórmulas que algunas muy básicas y extrañamente poco familiares durante un breve plano.

Porque la principal lección de la película es, si se me permite, preestadística. Reside en la importancia que otorga a las preguntas, a dar con aquellas preguntas relevantes a las que, después, la estadística puede dar respuesta: ¿qué métrica gana partidos? ¿Cuáles de los porcentajes de un jugador de béisbol están más relacionados con la victoria de sus equipos? ¿Se está dando demasiada importancia al jogo bonito que no gana partidos?

Creo que en el fondo, no es azaroso que Peter Brand sea economista: la película, al final, es una apología —envuelta en excipiente deportivo— del análisis coste/beneficio, de la asignación eficiente de recursos y de una serie de virtudes que, sin exigir mayor virtuosismo analítico, de haberse practicado a tiempo, nos habrían evitado más de un aeropuerto sin aviones, más de un puerto sin barcos, más de una autovía sin tráfico.

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