Acerca del CIS y la cocina

Escribo hoy acerca del CIS y la cocina de la intención de voto. Lo hago desde la ignorancia informada en esos temas y sin pretensión alguna de ser o parecer más listo que otros.

El CIS realiza unas encuestas (con un muestreo amplio y bien diseñado, cuentan), de las que obtiene, entre otras cosas, una serie de datos, x que incluyen simpatía, recuerdo de voto, etc. Existe por otra parte un valor enteléquico, y, no siempre observable, que conocemos por resultados electorales si se votase hoy o algo parecido. La llamada cocina es simplemente una función f tal que \hat{y} = f(x) es próxima a y. Esta función se construye gracias a que históricamente, cada vez que se convocan elecciones, se han observado parejas (x, y).

Ahora, por lo que leo, en lugar de magias, creencias y fetichismos, el CIS usa un método científico que, por lo que entiendo consiste en definir poco más o menos f(x) = x. Con un par. Me imagino el cachondeíto cuando estos neocis acudan a congresos internacionales.

Pero no les quito toda la razón. En f hay opinión, hay sesgo y, cómo no, error. Un artículo muy revelador al respecto es We Gave Four Good Pollsters the Same Raw Data. They Had Four Different Results. en el que se describe el experimento que el titular da a entender.

Mi propuesta, desde la ignorancia informada, es la siguiente: que el CIS se limite a hacer lo que hace bien, es decir, gastar dinero público con poca tasa en conseguir una muestra decente en cantidad y cualidad y deje a la sociedad civil lo opinativo. Los microdatos podrían ponerse a disposición de las partes interesadas y que fuesen ellas las que aplicasen sus f favoritas. Sobre todo, porque no es de recibo que una institución pública con vocación de neutralidad se inmiscuya en el negocio de opinar.

De todos modos, esto de la cocina tiene su guasa. A la gente, en las encuestas (CIS y otros), se les pregunta multitud de cosas: sobre la constitución, sobre el aborto, sobre la inmigración, etc. y sobre a quién votaría hoy. Pero, resulta, que la única cuestión cuyas respuestas merecen ser cocinadas son las de esta última cuestión. Todas las demás se asumen at face value. Como soy un poco malintencionado, siempre pienso que el motivo es que sobre la intención de voto, al final, cada cierto número de años, hay algo contra lo que contrastar y con el resto de las preguntas, no. Pero, de todos modos, ahí queda lanzada la pregunta, por si alguien quiere recoger el guante e ilustrarnos a todos.

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